martes, 25 de diciembre de 2012

Declaración de intenciones.

Ni Feliz Navidad ni nada de nada, a la mierda.

Estoy cabreada, muy cabreada. Quiero que sepáis  gilipollas de mierda, que soy feliz tal y como estoy, que no necesito comerme la cabeza sobre lo que está bien o mal; que actúo de puta madre, sí, cómo lo oís, yo también tengo ego, imbéciles; que no dejaré que ninguna gilipollas me pise la cabeza por creerse más importante que yo; que daré cariño a quién me salga de la polla y ayudaré a quién me plazca; que adoro a mi novio, ¿ha quedado claro? LE ADORO, lo puedo repetir, pero decirlo más claro es imposible; que soy humana y que cometo muchísimos fallos, pero eso me honra, cabrones de mierda; que lloro y grito y blasfemo y me violento por verle sufrir y por miedo a que se quede solo, de verdad, asume ya que hay gente que realmente se preocupa por ti, no todo es de color negro; que si tuviera dinero pagaría los billetes que hicieran falta para llegar a cada uno de ellos; que solo tenéis que mirarme a los ojos para saber que no miento; que diré todas estas palabras en voz alta donde mejor se me escuche si es necesario; que tengo mucho amor para dar; y que sí, que estoy perdida de cojones, pero el camino no me lo hacéis vosotros, me lo hago yo.

¿Os ha quedado claro? Porque si no os ha quedado claro no tengo problemas en partirme la nariz por veros sangrar a mi costa, no me da miedo el dolor físico, y menos el que podáis infligirme vosotros, pedazo de hijos de puta.

Que estoy aquí, con los brazos abiertos en cruz empujando y no esperando.

Tenedlo en mente, soy muy mala persona y puedo joderos la vida como quiera y cuando quiera, y creedme que lo disfrutaré a cada momento, porque soy una bruja, una mala de cuento, siempre lo he sido y siempre lo seré.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Un nuevo descubrimiento.

Ayer hice un gran descubrimiento con mi amigo David -o más la confirmación, ya que con mi amiga Cris también formulé la teoría- y me enorgullece explicaros en qué consiste o, al menos, explicaros que existe realmente.

Voy a ponerme en plan estupenda, no me lo tengáis en cuenta.

En la sociedad en la que vivimos hoy, los sentimientos no es que estén muy a la orden del día, prima el materialismo y el egoísmo, las emociones o impulsos no se tienen en cuenta. He resuelto que podría hablar de la poligamia, algo muy mal visto en la mayoría de los países europeos, y creo que es posible -tanto hombres como mujeres- pero no era este el tema que quería tratar, aunque he de decir que he tenido que pensarlo y repensarlo para llegar a donde quiero llegar.

Vale, venga, después de estos circunloquios lingüísticos, voy al lío. Voy a empezar por el intento de descripción de esto; ¿sabéis lo que es la "imprimación? Y no me refiero a la capa blanca para pintar encima -que simbólicamente me viene muy bien para explicar- sino a ese concepto de amor que explicó Stephanie Meyer en su saga Crepúsculo, pero no al pie de la letra. Para los que no hayáis leído la saga, -solo os recomiendo el primer libro, pero ya que estáis, no está de más leérosla entera, que siempre viene bien leer de todo- estoy hablando de amor, no amor al uso, ese amor pasional y fascinante del que hablan los enamorados, sino de uno más grande, hay tantas formas de amar como personas en el mundo seguramente, pero como siempre, la raza humana se las apaña para generalizar y clasificar. Tomando "imprimación" como "proceso por el cual se prepara una superficie para un posterior pintado", es como si al conocer a una persona fueras preparada cual superficie pictórica para que la otra persona pintara en ti lo que deseara, igual que un folio en blanco esperando a ser escrito. De otro blog he tomado este fragmento que me parece muy acertado para lo que quiero expresar: "la imprimación hace que amemos aún cuando no somos correspondidos, que amemos aunque sepamos que jamás seremos correspondidos, amamos en la dificultad, en la calma o en la batalla, ante todo y contra todos si es necesario. Vivir sin esa persona es imposible y alejarse de ella una agonía. La imprimación es la sincronía perfecta entre dos almas." Personalmente no lo llamaría media naranja, esa expresión me parece destinada al amor pasional del que todo el mundo habla, me gusta más decir que te conviertes en su "ángel de la guarda" o en su "kai" -para el significado de "kai", leeros El Valle de los Lobos de Laura Gallego García- y entonces me preguntareis "¿Cómo?" o incluso afirmareis con toda vuestra convicción "Eso no existe" porque -socialmente hablando- eres su novia o su amiga, no hay más.

Esto último es solamente una etiqueta para que los monógamos sepan si se tienen relaciones sexuales o no con esa persona -con sus miles de matices de rollo, follamigo, novio, etc. y mejor amigo, amigo, conocido, etc.- porque así es como funcionamos, los celos existen y son muy malos, eso también hay que entenderlo, al igual que hay que entender que la poligamia es posible y no por ello queremos poco o menos a esas personas. Voy a volver al tema que me desvío.

La imprimación, esa gran desconocida. Así resumiendo, estás ahí para esa persona, cuando se entristece y se alegra, como amigo, como hermano o como pareja, velando su protección siempre, curando sus heridas. Es quererle por encima de lo demás, sacrificar parte de tu vida para que sea feliz, y ser feliz por la sonrisa de alegría que desprende, no importa si es por ti o no, solo importa que esa persona es feliz.

Todo esto viene a que la he encontrado. No la esperaba y he estado confundida un tiempo porque no sabía lo que era, pero ahora sí. Da igual que puesto ocupe en su vida, estaré ahí, pase lo que pase. Los que sabéis que tengo pareja, llamadlo poligamia si os place, pero no estoy engañando a nadie.

Es más, estoy siendo absolutamente sincera con lo que siento, y no por ello dejo de querer a nadie ni le quiero un poco menos.

Si descubro algo nuevo sobre esto os avisaré, es interesante. Ahora sé cómo se sentía Jacob en la saga Crepúsculo y he de decir que es uno de los sentimientos más bonitos y placenteros que me ha pasado en la vida.

Ojalá que os ocurra a vosotros algún día.







martes, 11 de diciembre de 2012

¿Qué sientes al saber que eso es así?



Únicamente ruego que pienses y respondas.

¿Qué sientes al saber que eso es así?

-------------------------------------------------

"Me duele verte triste, porque no puedo hacer nada para que no lo estés. Solo un abrazo, solo uno… dame la oportunidad de hacerte feliz por un instante, la oportunidad de darte seguridad para que avances tú solo.

¿Qué sientes al saber que eso es así?

Pido por favor verte alegre aunque no sea por mi mano, quiero verte sonreír. Tú avanzas hacia delante solo porque tú eres capaz de eso y mucho más, pero déjame situarme en tu flanco por si tropiezas o caes.

¿Qué sientes al saber que eso es así?

Si tú prefieres que me mantenga al margen, si tú quieres que guarde la distancia, eso haré. Sin embargo, en el margen y a distancia, ahí estaré por si cambias de idea. Ten presente que no te abandonaré.

¿Qué sientes al saber que eso es así?

No importa cuantas veces  se pierda la conexión, nunca se romperá. Puedes leer en mis ojos que siempre te diré la verdad.

¿Qué sientes al saber que eso es así?"

lunes, 26 de noviembre de 2012

Esos ojos oscuros.

Sandy se sentía inquieta. La fresca hierba verde se colaba entre los huecos que dejaba su pelo rozándole suavemente el cuello y miraba absorta las nubes blancas que parecían querer pasar a toda velocidad.

El mundo se detuvo en aquel instante, una habitación atestada de gente, risas, gritos, conversaciones sin fondo y música a todo volumen, y entre todo aquel barullo incensante y cargado, un desvío de mirada la llevó al otro lado de la habitación como si de un imán se tratase. Unos ojos oscuros la miraban, no con lascivia, no con extrañeza, no con reproche... solo con familiaridad y agradecimiento, puede que con cariño, una mirada por la que hubiera dejado su corazón encima de la mesa para que él lo cogiera. Pero no lo hizo. Simplemente lo miró, como quién mira el vasto horizonte que deja el mar tras la playa, que te hace respirar hondo y pensar que todo está bien.

Allí, tumbada en la hierba y recordando una y otra vez ese pequeño, preciso y fugaz momento, Sandy decidió que era el momento de tomar una decisión importante.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Culpabilidad

Sí, otra entrada, este mes estoy que me salgo.

Me gustaría hablar de un sentimiento desconocido para mí: la culpa. He asumido algo parecido, que es el arrepentimiento, pero no tienes por qué tener la culpa para sentir eso.

Bueno, no es que nunca haya tenido la culpa de nada, eso sería mentir con todas las de la ley, porque la he tenido muchas veces. Lo que quiero decir es sentir la culpa, sentirse culpable de que algo pase o no pase, seas el causante o no.

No sé explicar esto, es nuevo, no lo he digerido todavía, así que ya me perdonareis por no saber muy bien cómo enfocar esta entrada. Quiero arreglar varias malas decisiones que he tomado este medio mes, las cuales aún no sé por qué en ese momento pensé que serían las correctas, lo gracioso es que para mí no ha cambiado nada, pero claro, yo no tengo conocimiento de las percepciones de otras personas. Digo que son malas porque han dado malos resultados, no porque me haya arrepentido de ellas.

En fin, que me siento culpable de arruinarle la poca felicidad que le habíamos creado, pero cuando no comprendes la causa de la bipolaridad, es complicado tomar decisiones acertadas que mejoren y no destruyan algo que se había construido felizmente.

Esto ya lo dije una vez, pero nadie me entendió: no quiero pedir perdón, solo quiero intentar entender para no tener que hacerlo de verdad.

Esto de sentirse culpable no mola nada, da más ansiedad que el arrepentimiento; y es lo que menos falta me hace ahora.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Juliette y Ocho

Uno de los acontecimientos que ha marcado un antes y un después en mi vida en Valladolid ha sido el descubrimiento de que Juliette no es una gata, sino un gato.

Parece una tontería, pero es el ejemplo más simple para decir que hay cosas que cambian tu perspectiva y no puedes hacer nada por evitarlo. Todavía le hago referencias femeninas y se me escapa el nombre de Juliette, pero cada día eso me ocurre menos y me voy haciendo a la idea de que se llama Ocho. Aunque eso no me hará olvidar que un tiempo para mí se llamó Juliette.

Curiosamente, este nombre no fue elegido democráticamente a diferencia del de Juliette, fue impuesto por las circunstancias en las que se tuvo que cambiar obligadamente. Me parece curioso cómo se pueden hacer paralelismos de sucesos físicos a sucesos intangibles. Pero únicamente nombraré los físicos.

El nombre de Ocho fue impuesto "a dictadura" por necesidad, aunque curiosamente fue uno de los propuestos antes de saber el sexo del gato, uno de los que yo rechacé. Me parece interesante este hecho porque describe bien el cambio que se produjo antes del puente de noviembre y después.

Mis convicciones y mis ideas siguen siendo las mismas a pesar del ambiente enrarecido, quizá una mezcla entre decisiones mal tomadas y exceso de información. Y que conste que es complicado mantener estas convicciones e ideas teniendo en cuenta que hay una presión diaria que ejerce su fuerza a favor de la gravedad, peso extra innecesario.

A veces luchamos con una venda puesta, oímos y olemos el problema, pero no sabemos a que nos enfrentamos. Eso es muy peligroso, porque das palos a ciegas sin saber si estás cerca del verdadero problema o no. De los cinco sentidos que tenemos todos, solo me fío de dos: la vista y el olfato; el oído solo me ha causado problemas, el gusto ha sido inútil y el tacto en muchas ocasiones doloroso. Así pues, para luchar contra los males que se me presentan, hago uso de mi vista y mi olfato, pero tenemos un problema bastante grave si hay una venda en mis ojos y solo recibo un montón de información por el oído, dejando solo y desamparado al pobre olfato, que como siempre ha sido uno de los menos valorados, nunca tendrá pruebas concluyentes.

En fin, cuando todo creías que era hembra y se llamaba Juliette, de repente te sorprenden y te dicen que es macho y pasa a llamarse Ocho.

Lo que da de sí un puto gato.

viernes, 26 de octubre de 2012

Mis inquietantes compañeros de piso.

Es interesante cuando tu vida empieza el 2º año de carrera y no el 1º.

Normalmente, cuando te vas a vivir fuera, el cambio grande se produce en 1º, porque es nueva ciudad, nueva gente, nuevo hogar, nuevos hábitos e independencia. Pero yo sentí que aún me quedaba en Zaragoza a pesar de estar en Valladolid, digamos que no la estaba disfrutando.

Ahora en 2º, los términos se asientan. Cambias de hogar, y por lo tanto de gente, y es muy emotivo cuando encuentras personas con las que puedes levantarte feliz todas las mañanas, esto no es lo común y debería serlo, y más en una persona que siempre ha tenido la mala suerte de dar con ambientes sociales tóxicos.

Tengo una compañera de piso alcohólica, heavy, dramática, enamorada de los corsés, juerguista "a fuego" (así llama a las cosas que son "a tope"), fan de "Sexo en Nueva York" y "Tu cara me suena", ladrona de copas de bares, muy gritona, mamá de una gata loca ( no es broma, tenemos una gata a la que hemos llamado Juliette y está giradísima), con unos ojos verdes que echan chispas y una sonrisa maliciosa siempre que habla contigo, pero sobre todo, muy divertida y sincera, y cariñosa a su manera (en vez de dar abrazos o besos, te compra tu cerveza favorita con aroma a tequila cuando sale de casa).

Es ella la que hace que por las mañanas baile y cante "I just had sex" en la parte trasera de un bus camino de la Escuela, la misma con la que canto canciones de letra cambiada y con la que comparto coñas con, no sé... ¿Un chopo?, sin olvidar esos estupendos cachis de un martes por la noche dignos de ser bebidos estén cargados o no, o su frase "yo quiero trabajar ahí" cada vez que pasamos por un bar de copas cuando vamos por la calle, no importa la hora del día.

También tengo a mi otro compañero de piso, un poco mayor para su edad, su pelo mojado parece el de Justin Bieber, podría pasarse horas jugando al Age Of Empires, muy muy exagerado, rescatador de cachorrillos de gato en cubos de basura (sí, él rescató a Juliette), cabezón y terco, un cocinitas, extremadamente divertido y serio al mismo tiempo, cinéfilo empedernido y amante de La Guerra de las Galaxias a toda costa, lector incansable de libros, de mirada interrogante y curiosa y sonrisa dulce.

Él es el que no se quita la pulsera de pinchos negra que le regalé ni para dormir, me consiente abrazos cuando los necesito, no le importa que dé un recital de ducha con acústica en el salón, es capaz de alegrarme el día con cualquier cara suya, pero también tiene mucho carácter que saca a relucir en ocasiones contadas, me escucha cuando tengo que decir algo importante (y cuando no es importante, también) y tiene una dicción espantosa que me hace parecer sorda de vez en cuando.

Y os preguntareis "¿Y esto? ¿A qué ha venido?".

Sencillamente quería decir que les quiero, con sus defectos y virtudes, porque son personas reales, porque han hecho posible que crea que se puede ser feliz en un hogar que da mucha pereza limpiar y con una gata que muerde y araña.

Quería que supierais que nunca hay que perder la esperanza de encontrar otras piezas del Tetris con las que encajar; tienen días malos y buenos, no siempre están de buen humor, pero sería incapaz de cambiar de compañeros de piso, no veo otros mejores.

Por si os interesa, escribo esto con una media sonrisa en la cara, un casco de mi compañero de piso roto por la gata, y algunas miradas de reojo a Bea y a Miguel desde el otro sofá, que en este preciso instante ya llevan 3 ó 4 capítulos de One Piece vistos (hablamos de en la última hora, están muy enganchados) en uno de sus portátiles, cubiertos por una manta y comentando o riendo fragmentos de capítulo.

En fin, unos personajes dignos de conocer con los que estoy cosechando muchas buenas experiencias que espero sean buenos recuerdos en los tiempos malos.

Solo les pido una cosa: no cambiéis, por favor, os necesito en mi día a día.

Gracias =)

lunes, 17 de septiembre de 2012

GME 2


Cap. 2

           - ¿Estás de coña, Ifigenia? No puedes llevarte eso…

Cyrene Arknosos, de los Gran Arknosos, miraba con una mezcla de asombro y repulsión el gran saco rebosante de libros que Ifigenia intentaba por todos medios atar a la balda de equipaje posterior de la calesa, sin éxito.

           - ¿Y entonces qué me llevo? Es toda la información de la que dispongo para enfrentarme a lo de fuera, aparte de ti.
           - ¿Y has pensado, quizá, en llevarte algo útil? No sé… ¿ropa, un neceser?
           - Tranquila, todo eso está dentro de la calesa.
           - No puede ser… ¿es la mochila de colegio esa? Ifi, sabía que no eras normal, pero esto ya supera mis límites.
           - Deja de protestar y ayúdame con esto.
           - No pienso hacerlo, ese torrente de libros no entrará en mi casa.

Ifigenia intentó una vez más juntar las correas para sujetar el saco, pero el resultado fue el mismo que las anteriores veces, las correas no daban tanto de sí. Cyrene la miraba apoyada en la pared de piedra blanca de la abadía, junto a la gran puerta de madera y hierro que la esperaba impertérrita a ser abierta, disfrutando de ser el centro de atención de las teólogas que paseaban por allí. Ifigenia recordaba ahora las veces que Cyrene la había visitado en incontables ocasiones, causando grandes estragos como este en el silencio de la abadía. Cyrene disfrutaba narrándole de manera dramática y exagerada, como los cuentos infantiles, todo lo que ocurría fuera: anécdotas de los mercados, su presentación en sociedad, las reuniones sociales mensuales de damas, y un largo etcétera, e incluso en alguna ocasión se permitió hablarle de chicos que abundaban en las fiestas de sociedad. La cabeza de Ifigenia entraba en una vorágine de pensamientos vertiginosos solo de pensar en las emociones causadas por fiestas de sociedad, conversaciones banales, chicos. Chicos. Toda una experiencia para una jovencita de veintiún años virgen que sólo había visto a su padre en lo que se refiere al género masculino. Las descripciones de los libros eran escuetas, técnicas y anatómicamente detalladas, pero Cyrene hacía que el género masculino resultase fascinante. Tantos libros de teología, ciencias, artes y sociales y tan pocos de ficción podían arruinarle a una la vida, pero desgraciada o afortunadamente eran su único transporte para vivir una vida que ella sentía que le estaba esperando desde hace mucho tiempo. Y, por supuesto, aquello por lo que estaba dispuesta a arriesgar su armonía diaria: las Escuelas Mágicas. Dios mío, sabía tan poco de ellas y a la vez despertaban tanta curiosidad… Nada de Escuelas Al Uso o Escuelas Teológicas (también llamadas conventos), ella quería acción, emoción, quería estudiar Las Tres Magias. Pero a ver cómo se las apañaba.

Vigilada como estaba con Cyrene, no por ella, sino por los Gran Arknosos, amigos de los Keenlés, era cómo ser el mismo perro con distinto collar. Sólo quedaba la perspicacia y buena mano de Cyrene para investigar a su gusto, dado que a su amiga le encantaba desobedecer órdenes provinieran de donde proviniesen y sin importar las consecuencias. Podría clasificarse como una “rebelde” según algunos de los libros de sociología que Ifigenia intentaba atar sin éxito. O quizá sólo eran las hormonas, tal y como marcaban los libros que versaban sobre medicina. En cualquier caso, iba tener que desprenderse de todos ellos a este paso.

           - En serio, Ifigenia, ya te he dicho que en la biblioteca privada de mi padre tendrás todos esos y muchos más, déjalos, ya los recogerás cuando no tengas que volver aquí porque tendrás una casa propia.
           - Cyrene, no me engañes… ¿estás segura de que en la biblioteca de tu padre estarán todos?
           - Ifi, estás hablando de un Arknosos, ¿qué es lo que no tenemos?
           - ¿Vergüenza?
           - Como siempre, buena respuesta. Y ahora, por el amor de Nuestro Confidente, deja esos libros aquí y vámonos, que a este ritmo no llegaremos ni por la noche.
           - De acuerdo, de acuerdo… ¡pero cómo luego no haya libros…!
           - Si no los hay los mandamos comprar aunque solamente sea para que te calles.
           - Me dejas más tranquila.
           - Casi no me lo creo. Sube a la puñetera calesa.

El saco de libros quedó en manos de una de las teólogas y por fin Ifigenia pudo ver cómo la calesa atravesó la gran puerta de madera rumbo hacia su semilibertad.

Santo Confidente, ¡estaba fuera! A través de la ventana de la calesa pudo ver cómo un camino de tierra se abría paso por los campos de cultivo y las praderas de pasto, dejando atrás una extensa muralla blanca donde predominaba un gran campanario. Es cierto que lo iba a echar de menos, era su refugio, pero para eso siempre habría tiempo. Aunque bien era cierto que al mirarlo por última vez antes de perderlo de vista sintió una punzada de miedo al darse cuenta de que, en realidad, estaba sola y expuesta al mundo a pesar de la compañía de Cyrene, la cuál ya tenía su vida hecha en la ciudad, y quizá no debía haberse planteado salir de allí sin estar preparada. No, no. Lo estaba. Se convenció a sí misma durante un buen rato en silencio para que así fuera.

           - Bueno, no te atosigues a ti misma, vaya cara llevas. Te hará bien, mujer.
           - Eso espero…
           - Que sí, ya verás. ¡Joder, va a ser genial! Tú y yo todo el tiempo juntas, mano a mano como dos hermanas, ¡te van a encantar las fiestas!
           - Parece emocionante.
           - ¡Y lo es! – Cyrene echó un vistazo a la vestimenta de Ifigenia- Pero lo primero que haremos será ir de compras, nena, no puedes ir vestida de teologita si quieres una presentación en sociedad digna de una dama que se puede enorgullecer de tener como padrinos a los Arknosos.

Cyrene mostró una gran sonrisa y su mejor pose para engrandecer el orgullo que le proporcionaba nombrar su apellido y comenzó a enumerar un sinfín de nombres de boutiques y tiendas de ropa de lo más variopintas, con sus respectivos clientes como seña de identidad. Era impensable que una duquesa, marquesa o condesa comprara en la misma tienda de ropa que un burgués con un pequeño negocio, tanto por el dinero como por la clase social que se ostentaba. Vaya, dinero. Ifigenia no había contado con ese detalle, ya que en el convento cada una cultivaba en el huerto la comida de todas y por lo tanto no había que pagar por ello, es más, si precisaban de algún alimento del exterior, el intercambio era con productos del huerto común. Si además nos poníamos a hablar de ropa, la cosa se complicaba mucho más. No entendía mucho de moda, pero sabía que ahí fuera cualquiera dama de cierto renombre tenía acceso a más de dos sayas. ¿Se pondría por primera vez un vestido? No, no, nada de soñar. Sin dinero no hay vestidos.

           - Creo que con mi par de sayas blancas podré apañármelas, procuraré ser discreta.
           - ¿Estás de broma? Si quieres sobrevivir, tienes que ser de todo menos discreta, ¡y olvídate de tus sayas! No las necesitarás mientras vivas en mi casa, los vestidos corren a cargo del dinero de Arknosos, no tendrás que preocuparte por nada.
           - Pero mis padres…
           - Los míos hablaron con ellos y, aunque estuvieron reticentes, al final les convencimos para que te dejaras tratar como una reina. Soltarle lo de las “nuevas experiencias para abrir la mente” fue la clave. Así que deja de protestar y te convertiremos en una princesa, la nueva sensación londinense.
           - Me estoy mareando sólo de pensarlo…
           - ¡Va a ser total!

El viaje prosiguió su camino con un traqueteo incesante, igual que los pensamientos de Ifigenia. A cada paso de estar más cerca de la ciudad, más miedo tenía, porque la verdad es que los intentos de Cyrene por intentar que pareciera todo muy normal solo conseguían abrumarla más. ¿Se habría equivocado? Y si lo había hecho, siempre podría mandar correspondencia a sus padres exponiendo sutilmente que tenían razón… No, no, de eso nada. Respiró hondo, contuvo el aliento durante una pequeña fracción de tiempo, y echó por tierra todas sus preocupaciones, al menos por el momento.

Al cabo de una hora, Cyrene escuchó unos golpecitos de atención del cochero y al momento asomó su cabeza por la ventana. Era mediodía y el sol, desde su cenit, iluminaba sin compasión toda la ciudad de Londras, inmensa.

           - ¡Estamos llegando, Ifi!

Ifigenia no había esperado a que Cyrene le dijera nada. Con casi medio cuerpo fuera de la calesa, una gran sonrisa se extendía por su rostro al ver la aglomeración de edificaciones en la que iban a adentrarse. Y gente, mucha gente. Vislumbraba carruajes con distintas ornamentaciones de colores, con techo y sin techo, de alquiler o privados, con los blasones y escudos de las familias más acaudaladas.

           - ¡Ifigenia, deja de hacer el ridículo y métete en la calesa!

Notó como la mano de Cyrene le tiraba de la saya sin miramientos para sentarla de golpe en el acolchado asiento azul marino.

           - ¡Hay mucha gente! ¡Y muchas calesas como la tuya!
           - ¡Claro que hay gente, es una ciudad! Y en eso te equivocas, no hay ni una que llegue al nivel de esta, querida mía, puedo asegurar que son todas más feas y más pequeñas.
           - No sabría decirte… ¡Oh, mira!
           - ¡No!

De nuevo Cyrene tiró de Ifigenia para que no volviera a sacar medio cuerpo fuera.

           - Vamos a ver, regla número uno, deja de comportarte como alguien que nunca ha visto el mundo.
           - Es que yo no he…
           - Chitón. En la ciudad se vive de apariencias, no queremos ningún escándalo publicado en los periódicos con el titular “Teóloga chiflada sorprende en St. James”, - Cyrene frunció el ceño- lo primero porque tienes que labrarte una reputación y no queremos empezar así, y lo segundo porque no quiero que ensucies la de los Arknosos, te recuerdo que estás bajo nuestra tutela ahora.

Ifigenia se sonrojó de vergüenza al darse cuenta de que realmente estaba haciendo el ridículo. Los londinenses no estaban ciertamente acostumbrados a ver una teóloga señalando con entusiasmo los patos del estanque desde una calesa, embutida en la habitual saya blanca y la cofia del mismo color que cubría su cabeza, la imagen de una teóloga novicia era de sumisión, paz e intelectualismo.

           - Bien. Mira por la ventana cuanto quieras, pero no asomes la cabeza ni mucho menos el cuerpo hasta que lleguemos a Arknosos House, ¿entendido?

Tras pasar por dos parques enormes plagados de tiendas, la Cámara de los Lores, la Sociedad Histórica, el club de caballeros White’s y la Biblioteca De Londras, entraron en una ancha avenida franqueada a ambos lados por grandes mansiones, a cual más ostentosa y con más mezcla de estilos arquitectónicos.

           - ¡Bienvenida al mejor barrio de Londras, Ifi! Todas las grandes familias viven aquí durante el año, luego veranean en sus otras mansiones lejos de la ciudad. Debes tener cuidado cuando pasa por aquí, es un hervidero de cotilleos, has de ser educada pero sin dar demasiada información.

Dos señoras de avanzada edad pararon en seco, e incluso retrocedieron un par de pasos para asegurarse de lo que habían visto dentro de la calesa de los Arknosos, Cyrene se limitó a saludarles escuetamente con una repetida sonrisa falsa, mientras que Ifigenia procuró ocultarse entre las sombras que proyectaba la calesa dentro del habitáculo. Al poco rato, al final de la gran avenida, empezó a apreciarse lo que parecía la mansión más grande de todas rodeada por unos jardines y limitados por una verja metálica con el gran blasón de los Duques de Arknosos, que consistía en una espada de los templarios cruzada en diagonal sobre una pluma de pavo real, con todos sus colores. En los libros, indicaban que muchos blasones tenían espadas como símbolo de servicio al rey al igual que los escudos de armas, y solían coincidir con las familias más acaudaladas que en tiempos habían sido la mano derecha del gobernante. Hoy en día, los cabezas de familia ostentaban un puesto diplomático de gran influencia si una espada figuraba en su blasón. La pluma, además de dar el toque aristocrático, indicaba el alto nivel cultural de la familia o las múltiples financiaciones a investigaciones con un final exitoso. Por lo visto, los Arknosos lo tenían todo.

Las verjas fueron abiertas por criados de librea azul y entraron siguiendo un camino de grava que cruzaba en línea recta el jardín infestado de arbustos con formas de animales y enredaderas llenas de flores de colores, donde al final les esperaba una pulida puerta de madera de doble hoja. En el momento en que Ifigenia puso un pie sobre la grava una vez detenida la calesa, todo lo demás fue demasiado rápido.

Un sinfín de criados, vestidos todos ellos muy pulcros de librea, fueron sucediéndose en tropel para atender a las necesidades de ambas damas, desde las más necesarias a las más nimias, hasta acabar en un cuarto de invitados más grande que el jardín del convento, al lado de la habitación de Cyrene, la cual se comunicaba a través de una puerta en la pared que las separaba. No había que mirar nada específicamente para darse cuenta del lujo: cama de finas telas amarillas y blancas con dosel, un gran armario de madera blanca con remates dorados, un aseo con bañera de oro y un tocador exquisito con lo necesario y más… y el techo, el magnífico techo pintado a mano que parecía esculpido por el mismísimo Miguel Ángel, lleno de nubes, querubines y constelaciones, al que solo podía hacerle sombra los tapices de seda cuidadosamente expuestos en las paredes descubiertas de la habitación. Definitivamente no se parecía en nada al convento.

           - Bueno, Ifi, en vista de que eres nueva aquí y necesitamos tu mejor imagen, en vez de ir a boutique Fleur’s, la boutique Fleur’s vendrá aquí. No queremos cotillas y chismosas que puedan criticar tus sayas.
           - ¿L-la boutique entera?
           - Por supuesto, ¿cómo sino íbamos a elegir las telas de los vestidos?
           - Madre mía, qué despilfarro…
           - Una de las doncellas vendrá enseguida a bañarte.
           - Pero si puedo bañarme sola…
           - No, no. Hemos de dejarte limpia y fresca para que reluzcas esta noche.
           - ¿Cómo que para esta noche? ¿Qué? ¡Cyrene!
           - No me repliques, necesitas un buen cepillado de pelo, querida.

Y Cyrene cerró de un portazo. ¿Esta noche? No será… No, imposible. ¿O sí? ¡Pero si había llegado hoy! No estaba preparada para la presentación en sociedad. Bueno, tenía toda la tarde para relajarse, bañarse, peinarse, maquillarse, probarse mil vestidos, intentar conversaciones banales…estaba claro que iba a hacer el ridículo esa noche.

De repente todo esto de salir del convento le pareció mala idea. ¿Qué iba a hacer una teóloga novicia en sociedad si apenas sabía cómo iban las cosas en el convento? Estaba a mitad de dos caminos, y parecía que no había terminado uno cuando empezaba otro. Supuestamente esta vida era la que le esperaba cuando cumpliera los veinticinco (no tan lujosa, eso sí) si es que no se decidía a dedicar su vida a la religión, su vida estaría ya hecha y entretejida, sus padres le habrían labrado en su ausencia un puesto en sociedad y le habrían concertado un matrimonio de conveniencia. Pero… ¿dónde quedaba el amor verdadero del que hablaban los poemas? ¿Y las aventuras? ¿Y las nuevas culturas por descubrir? ¿Y la magia? Ninguna señorita en su sano juicio se metería a los veinticinco años a estudiar por muy de buena familia que fuese teniendo que atender la casa, los hijos y un marido al que no quería.

Estaba decidida, esa noche triunfaría, ella misma se labraría su propia reputación.

GME (Guerrilla Mágica de Escuelas)


Cap. 1

           - Cariño, no tenemos por qué llevarla.
           - Es necesario y lo sabes, ¿cómo sino se iba a enfrentar al mundo cuando saliera fuera?
           - ¿Y tiene que ser ahora? No creo que haya mucha diferencia entre sacarla ahora y que retome los estudios, a dejar que los termine y entonces haga lo que le plazca.
           - Tu hija quiere ver mundo, compréndela…
           - ¡No me vegas con eso, cariño! ¡Por algo la metimos al convento!

Y esa era la razón por la que Ifigenia se apartaba a un lado, lejos de la conversación, a leer uno de los muchos libros de la biblioteca del convento en la mesa de madera del jardín más cercana. ¿Cuándo podría hablar por ella misma? Dieciséis años confinada en una celda era un lugar seguro y lleno de intelectualismo, pero la curiosidad de ver lo que había tras la tapia del convento superaba su vida tranquila y armoniosa. Si los libros de aventuras no engañaban, a su edad ya habría vivido una emocionante aventura con sus mejores amigos que habría afrontado con gran valentía y tesón augurando un final feliz por el esfuerzo de la misma. Una pena que no existieran ni los amigos. Sólo teólogas viejas y niñas con proyecto de serlo por su miedo al mundo exterior.

Así pues, Ifigenia cerró de un golpe seco el libro y se acercó a sus padres con gesto serio y determinante.

           - No quiero seguir aquí encerrada. Está muy bien poder leer, cultivar y llevar una vida tranquila, pero no ansío pasarme el resto de mi vida rezando a Nuestro Confidente, sino ser de utilidad al mundo. Así que, os pido por favor que me saquéis de aquí o mi paz interior se resentirá gravemente.

Sus padres la miraron con sorpresa, su padre en concreto con la boca tan abierta del asombro que pensó que le cabía un puño en ella, y balbucearon algo sin sentido.

           - Pero ratoncita… ¿y esa actitud…?
           - Abre los ojos, papá, tengo veintiún años y quiero ver el mundo. Los libros del convento no tienen dibujos.

Tras una mirada cómplice entre padre y madre, miraron ambos a Ifigenia y decretaron, como quién hace una ley, lo siguiente.

           - De acuerdo, ratoncita. Accedemos a tus deseos de querer aprender de modo práctico, pero nos gustaría saber con qué fin o qué deseas ver concretamente.
           - Quiero conocer el resto de Estudios del mundo.
           - ¿Te refieres a…?
           - Sí.
           - Pero ratoncita, eso no cuadra con lo que tú…
           - Siempre habéis dicho que lo más importante es un amplio conocimiento, pues bien, quiero aprender del resto de los Estudios.

Tras un breve silencio y una mirada de auxilio de su padre a su madre, decidieron que lo mejor sería hacer caso de los deseos de su hija ya que no contenían ninguna mala intención.

           - Eso sí, Ifigenia, llevarás acompañante.

Y así fue como Ifigenia Keenlés emprendió la aventura de su vida: matricularse en otra Escuela. O varias.

domingo, 22 de julio de 2012

"Cómo ligar" by Enrique Carricoba

"Vamos a hablar de un tema que preocupa mucho a la juventud de hoy en día: El amor y los problemas relacionados para conseguirlo. ¿Queréis saber cuáles son los pasos para acabar juntos y no que ella salga corriendo en la dirección contraria?

NOTA: Aunque diga "chicas" como el elemento a conquistar, estos consejos igualmente funcionan en ambas direcciones.

Con este preludio completado... ¡empecemos!

NOTA 2: Esto no son pasos a seguir, simplemente diferentes consejos en diferentes situaciones.

Escenarios: Conversación por chat, Conversación cara a cara, Conseguir cita, Preparación de cita, Cita en sí misma, Sexo y Post-sexo -repito, no son pasos a seguir-.

- Seguridad en ti mismo es la llave que abre todas las puertas, es el punto más importante. Si tú no confías, nadie va a confiar.

- Tranquilo, la seguridad en uno mismo es un estado mental, no es algo que te den en una tienda, no es algo que se consiga al ser guapo o listo.

- La seguridad en ti mismo la tendras cuando TÚ quieras tenerla. Confía en ti y todo lo demás caerá como fichas de dominó.

IMPORTANTE: Escuchar es mejor que hablar. Cada vez que abras la boca la puedes liar, pero cada vez que la otra persona habla da la sensación de conexión; sin embargo, no puedes hacer una conversación si tu estás callado, tienes que estimular la conversación, hacer preguntas abiertas (nada de sí o no).

Básicamente es saber QUÉ decir en cada momento para mover la conversación como tú quieras. No es que al querer ligar desarrollas seguridad, por lo general se trata de que tienes seguridad y, por lo tanto, resultas atractivo.


1. Conversación por chat / mensajes.

Quizás es el tipo de conversación más común cuando se empieza a "atacar", ya que tienes la "seguridad" de que si dices algo y la lías puedes soltar un <<¡Oh! no, no, era broma, me has malinterpretado...
>>, aparte de que si la lías pardísima no se crea una situación tan embarazosa.

FUCKING FAIL: Nunca le digas a una chica que estas enamorado de ella por el chat. Es simple y claro.

Sí, se acaba de conectar, sí, te mueres de ganas de hablar con ella, pero no le hables inmediatamente.

NOTA 3: No atosigues, pesado/a.

No hables tú siempre primero, no hay mucho que explicar de esta recomendación: ¿Le abres tú siempre conversación? Mal. Y aprende a acabar una conversación, ¿habéis hablado y ya no tenéis nada más que decir? Ni se te ocurra decir qué estás haciendo o estupideces.


2. Conversación cara a cara.

¿Conoces a una chica en persona y no sabes cómo empezar a hablar? ¿Cada vez que hablas te ves más y más cerca de la friendzone?

IMPORTANTE: Lenguaje corporal.Nada de hombros caídos, mirar al suelo, espalda torcida... ¡no, no, no! Mírala a los ojos.

Vale,ya hemos hablado varias veces, ¿ahora qué? 


IMPORTANTE: No desarrolles una amistad. Recordad que estamos evitando la friendzone.

NOTA 4: Personalmente a mí siempre se me ha dado bien jugar el papel de gracioso-cabrón. Hacer bromas un poco a su costa pero sin ir a doler.


3. 
¡Consigue una cita!

Vale, hablas con ella y os lleváis un rollito guay, hay miraditas, sonrisas y se palpa en el ambiente que la cosa va bien. 

¿Siguiente paso? ¡Dile de tomar algo! :D ¿Así que tienes una cita? ¡Perfecto!

IMPORTANTE: Algo hiper-lógico para el 99% de la gente, pero que he visto a gente cagarla por esto. La cita es a solas, cuidado.  Nada de con ella y una amiga o mierdas así, que quede claro.

Vamos a ver que tienes que hacer y que no para acabar entre las sabanas con ella y no solo llorando (o haciendo otras cosas, pero solo)


4. Pre-cita. -¡CHAN, CHAN, CHAAAAN!-

Ok, solos... ¿pero dónde? ¿Cuándo?

Un lugar que ya conozcas de antes, que puedas recomendar, que el ambiente esté bien, algo que a ella/él le pueda gustar y le agrade ir ahí. Hay bares que son geniales para citas y bares que son para ir con amigos y beber, y hay bares que pueden servir para las dos cosas.

Aquí no te puedo ayudar. Tu eres quien debe conocer algún sitio que reúna esas características. -Tampoco te pido tanto... XD-

Ok, ¿Cuándo? Esto ya es tema de debate. Muchos te dirán que por la tarde a tomar el café es cuando mejor seducen, otros prefieren cena + salir. Aquí tú sabrás donde te manejas mejor, no dejes cabos sueltos.

NOTA 5: Los bares con poca iluminación y música de fondo son ideales para una cita, crean atmósfera.


5. La cita. 

Obviamente cada cita es un mundo, yo os diré mis tácticas personales adquiridas durante los años por ensayo y error.
¿Ella bebe cerveza? Tú también. ¿Gin-tonic? Que sean dos. ¿Que ella no bebe alcohol? ¡Qué casualidad! A ti tampoco te apetece hoy... 


IMPORTANTE: "No apetecer hoy" no es sinónimo de "yo no bebo alcohol para nada", mentiras no.

¿Por qué pedir lo mismo que ella? ¡Dos razones!

- 1º: Que ninguno esté más borracho que el otro.

- 2º: Beberás al mismo ritmo que ella y, cuando acabéis, podéis pedir otra como si fuera lo más normal del mundo.

¡Relájate! No estés nervioso; charla, ríe, haz bromas, mírala a los ojos, mándale alguna indirecta... pero no tengas nervios. ¡Seguridad en ti mismo!

Evalúa el terreno. -¡Oh, sí! ¡Esto es lo mejor de todo y más importante!-

- Fíjate en todas las indirectas que te pueda lanzar, qué significan, cómo te mira, qué dice, cómo sonríe... si hace coñas, si cuando le haces alguna indirecta te sigue el juego... si te mantiene la mirada mantenla tú también, sonríe... ¡ya casi estás!

- ¿Todas las señales son buenas o al menos casi todas? ¿Estáis cerca el uno del otro, sonriendo y mirandoos a los ojos? ¡Qué esperas! ¡Bésala ya!

El beso... ¡Oh, el beso! ¡Todo un arte! No hay nada más bonito que un beso bien dado y algo más incómodo que uno mal. Has conseguido a una chica, os estáis liando y seguramente acabéis en la cama -si no en esta cita en otra, no debes tener prisa-.

NOTA 6: No queda bien dar un beso con lengua lo primero de todo, no queremos asustar a nadie.


6. Sexo.

No hablaré del sexo, así que saltemos directamente al post-sexo.


7. Post-sexo.

Lo que mucha gente no entiende es que lo que pasa después del sexo es igual de importante que lo que pasa antes. Mucha gente una vez ha hecho el amor con la persona que quería conquistar lo da todo por ganado y olvida todas las leyes de la seducción. ¡No seáis esa persona, amigos!

¿Qué hacer una vez has tenido sexo con esa persona especial?

Sí, seguramente estés enamorado de esa chica, y sí, seguramente tenéis muchas posibilidades de empezar algo bonito pero... ¡aún estás en la cuerda floja, amigo!

IMPORTANTE: No puedes hacer como que no ha pasado nada, pero tampoco recordarle miles de veces lo maravilloso que ha sido.

En este momento es cuando tienes que demostrar que todo lo que has hecho antes no era un farol, que eres en verdad un tío seguro de sí mismo.

Si a la mañana siguiente la despiertas con abrazos y besitos y le dices que la quieres... estarás tirando al traste todo lo que has hecho.

¡Vístete y dile que te vas! Como mucho, pregúntale si quiere ir a desayunar algo. ¿Te dice que sí? Otra mini-cita como la de anoche pero de día -mismas reglas colega- ¿que te dice que no? Le sonríes y te vas a tu casa, y ya veremos como continúa la historia.

IMPORTANTESi le has ofrecido desayunar y ha negado, no pasa nada, pero ya sabe que no se acaba aquí.


¿Por qué digo de irse tan pronto? Tienes que darle aire, libertad, que no se canse de ti, habéis pasado horas juntos lo creas o no.


Y sí, cada pareja es un mundo y seguro que a muchas chicas les gustaría que el chico se quedara toda la mañana y le hiciera el desayuno... pero cómo eso no lo sabes de cierto, haz lo sencillo.


En resumen a todo... 


- Tened confianza en vosotros mismos, no os arrastréis, no les vayáis detrás como perritos. 


- No seáis sus amigos si no os interesa su amistad, sed tranquilos pero firmes, seguridad en vosotros mismos! 


- Tened orgullo propio, aprended a mandarla a la mierda si se porta mal con vosotros, ¡hay más peces en el mar!


Si una chica os "friendzonea" es básicamente una forma sutil y con tacto de rechazaros, ni más ni menos. ¿Que os quiere como amigos? Simplemente os está diciendo que no está interesada en ti. A otra cosa mariposa.


IMPORTANTE: No os arrastréis por nadieeeeeeeeeeeeeeeee.


Espero que realmente os haya ayudado un poco; no soy el doctor amor ni mucho menos, pero lo que os digo suele funcionar y no sólo a mí."


Sabiduría cedida por cortesía de Enrique Carricoba.
Twitter: @Enrique_Carri.

viernes, 15 de junio de 2012

Disney Channel vs Telecinco

¡Hola, hola, patatuelas!

Vengo a despotricar, ¿qué raro, eh? Veamos. La última frase que me han dicho hoy ha sido "Todas las series de Disney Channel son malas, porque ese canal es para bebés, lo ve mi prima de 8 años."

Bien, independientemente de vuestros pensamientos retrógados o no, es algo obvio que Disney Channel es un canal para niños, hasta ahí todo correcto. El problema es que A MÍ ME GUSTA ese canal para niños.

¿Las series son malas? No lo discuto, se pasan con el humor absurdo, pero ¿qué hay de las joyas como "Phineas y Ferb"? ¿Esa también es mala? ¿Es que si son dibujos, solo son para críos? ¿"Los Simpson", "South Park", "Futurama", "Happy Tree Friends", "Padre de familia", todas esas son para críos acaso?

Me pone ciertamente enferma que haya gente que no respete los gustos ajenos, sean normales o no. Me hace gracia que me digan que Disney Channel es "para bebés", CORRECCIÓN: bebés son pequeñas personitas de 6 años o menos, y el canal que ven se llama "Playhouse Disney", quizá quisiste decir niños, ¡pero claro! ¿Qué le voy a decir a una persona madurísima que ve todo el día Telecinco, que es mucho mejor, porque está lleno de putas, cabrones y mentirosos? Ya me perdonarás, maja, pero prefiero mil veces ver Disney Channel antes que tragarme cualquier otra bazofia televisiva que consiste en sacarle los trapos a la gente y ver como varios follan en una casa donde meten a grupo de personas que son de moral dudosa (sí, me refiero a "Gran Hermano"), si es que no está viendo programas con formato de documental americano sobre el fútbol español, que eso ya es la repanocha.

Bien, independientemente de todo esto, resulta que a mí me gustan series como "Phineas y Ferb", "Austin & Ally" o "Wasabi Warriors", y me lo paso bien viéndolas, igual que otras personas disfrutan viendo como se pegan, se insultan o se morrean en Telecinco. La diferencia está en que si veo a alguien enganchado a Telecinco, tendré mis prejuicios, pero lo respeto y no hago comentarios acerca de los gustos de nadie. Sin mencionar que me parece más sano ver dibujos animados y series para niños que un canal que refleja lo peorcito de la raza humana.

"Oye... no es por ofender, pero igual ver eso no te ayuda a madurar..." No, no lo hará. Y la verdad es que me da igual, está el resto de la realidad para hacer ese trabajo, gracias.

miércoles, 21 de marzo de 2012

15 de Noviembre del 2011: La condena.

Recuerdo ese día perfectamente. Habíamos quedado en ir a cenar al Sakura del centro, ese al que íbamos de vez en cuando para nuestras celebraciones.

No tenía pensado,ni siquiera premeditado, que la cena saldría así. Me notabas rara desde hace un mes, nunca se me ha dado bien ocultarte mis emociones,y aún estoy aprendiendo a hacerlo para que no te preocupes tanto. Estuve más callada de lo normal, más apática y tú lo estabas pasando mal,se te veía en esa cara de niño bueno que tienes. A mí se me estaban comiendo los demonios por dentro, no sabía ni como aguantar ni como sacar esto adelante,así que opté por la opción fácil. Durante el postre te dije que tenía que decirte una cosa y a los dos se nos estranguló la voz. Te dejé. No como aquellos altibajos que no sirvieron de nada, de repente supe que esto era algo permanente.

Y me asusté. Sabía que era necesario, pero también sabía que era la opción fácil. En ese momento me di cuenta de que lo había hecho mal. No la decisión, creo que eso fue lo único acertado en esas circunstancias,sino todo lo anterior.

Toda una relación comportándome como una niña caprichosa y consentida, sin ver los esfuerzos que hacías por hacerme feliz, sin ver que tu forma de ser era así y por eso te quiero, sin ver que tú bregabas con mis defectos y yo tenía que aguantar los tuyos, sin ver que estabas haciendo esfuerzos que no tenías que haber hecho pero que hiciste solo para que estuviera contenta. Siento que no he hecho más que maltrarte a pesar de todo lo bueno que me has dado, que estaba pagando lo del anterior contigo cuando eras tú quién me estaba limpiando, me siento como si nunca hubiera intentado hacerte feliz, como si nunca me hubiera preocupado por ti, como si nunca me hubiera molestado en averiguar qué te pasa, qué te gusta, qué te inquieta,y respetar tus normas igual que tú respetabas las mías.

Tú me dabas más de lo que recibías,y aún así afirmabas como quién afirma una fórmula matemática inamovible,que eras feliz a mi lado, que me querías y que el resto no importaba.

Te pido perdón (y sé que no es suficiente) por no creerte cuando me decías cosas bonitas, cuando me decías que me querías o cuando hacías cosas por mí sin dar nada a cambio. Lo siento, lo siento en mi alma,en mi corazón y en mi día a día por no haber creído en nosotros y en nuestra relación.

Te imploro perdón porque ya he pagado mi condena. Solo me queda tu sentencia y mi único argumento en mi defensa es que te quiero.