viernes, 26 de octubre de 2012

Mis inquietantes compañeros de piso.

Es interesante cuando tu vida empieza el 2º año de carrera y no el 1º.

Normalmente, cuando te vas a vivir fuera, el cambio grande se produce en 1º, porque es nueva ciudad, nueva gente, nuevo hogar, nuevos hábitos e independencia. Pero yo sentí que aún me quedaba en Zaragoza a pesar de estar en Valladolid, digamos que no la estaba disfrutando.

Ahora en 2º, los términos se asientan. Cambias de hogar, y por lo tanto de gente, y es muy emotivo cuando encuentras personas con las que puedes levantarte feliz todas las mañanas, esto no es lo común y debería serlo, y más en una persona que siempre ha tenido la mala suerte de dar con ambientes sociales tóxicos.

Tengo una compañera de piso alcohólica, heavy, dramática, enamorada de los corsés, juerguista "a fuego" (así llama a las cosas que son "a tope"), fan de "Sexo en Nueva York" y "Tu cara me suena", ladrona de copas de bares, muy gritona, mamá de una gata loca ( no es broma, tenemos una gata a la que hemos llamado Juliette y está giradísima), con unos ojos verdes que echan chispas y una sonrisa maliciosa siempre que habla contigo, pero sobre todo, muy divertida y sincera, y cariñosa a su manera (en vez de dar abrazos o besos, te compra tu cerveza favorita con aroma a tequila cuando sale de casa).

Es ella la que hace que por las mañanas baile y cante "I just had sex" en la parte trasera de un bus camino de la Escuela, la misma con la que canto canciones de letra cambiada y con la que comparto coñas con, no sé... ¿Un chopo?, sin olvidar esos estupendos cachis de un martes por la noche dignos de ser bebidos estén cargados o no, o su frase "yo quiero trabajar ahí" cada vez que pasamos por un bar de copas cuando vamos por la calle, no importa la hora del día.

También tengo a mi otro compañero de piso, un poco mayor para su edad, su pelo mojado parece el de Justin Bieber, podría pasarse horas jugando al Age Of Empires, muy muy exagerado, rescatador de cachorrillos de gato en cubos de basura (sí, él rescató a Juliette), cabezón y terco, un cocinitas, extremadamente divertido y serio al mismo tiempo, cinéfilo empedernido y amante de La Guerra de las Galaxias a toda costa, lector incansable de libros, de mirada interrogante y curiosa y sonrisa dulce.

Él es el que no se quita la pulsera de pinchos negra que le regalé ni para dormir, me consiente abrazos cuando los necesito, no le importa que dé un recital de ducha con acústica en el salón, es capaz de alegrarme el día con cualquier cara suya, pero también tiene mucho carácter que saca a relucir en ocasiones contadas, me escucha cuando tengo que decir algo importante (y cuando no es importante, también) y tiene una dicción espantosa que me hace parecer sorda de vez en cuando.

Y os preguntareis "¿Y esto? ¿A qué ha venido?".

Sencillamente quería decir que les quiero, con sus defectos y virtudes, porque son personas reales, porque han hecho posible que crea que se puede ser feliz en un hogar que da mucha pereza limpiar y con una gata que muerde y araña.

Quería que supierais que nunca hay que perder la esperanza de encontrar otras piezas del Tetris con las que encajar; tienen días malos y buenos, no siempre están de buen humor, pero sería incapaz de cambiar de compañeros de piso, no veo otros mejores.

Por si os interesa, escribo esto con una media sonrisa en la cara, un casco de mi compañero de piso roto por la gata, y algunas miradas de reojo a Bea y a Miguel desde el otro sofá, que en este preciso instante ya llevan 3 ó 4 capítulos de One Piece vistos (hablamos de en la última hora, están muy enganchados) en uno de sus portátiles, cubiertos por una manta y comentando o riendo fragmentos de capítulo.

En fin, unos personajes dignos de conocer con los que estoy cosechando muchas buenas experiencias que espero sean buenos recuerdos en los tiempos malos.

Solo les pido una cosa: no cambiéis, por favor, os necesito en mi día a día.

Gracias =)