lunes, 26 de noviembre de 2012

Esos ojos oscuros.

Sandy se sentía inquieta. La fresca hierba verde se colaba entre los huecos que dejaba su pelo rozándole suavemente el cuello y miraba absorta las nubes blancas que parecían querer pasar a toda velocidad.

El mundo se detuvo en aquel instante, una habitación atestada de gente, risas, gritos, conversaciones sin fondo y música a todo volumen, y entre todo aquel barullo incensante y cargado, un desvío de mirada la llevó al otro lado de la habitación como si de un imán se tratase. Unos ojos oscuros la miraban, no con lascivia, no con extrañeza, no con reproche... solo con familiaridad y agradecimiento, puede que con cariño, una mirada por la que hubiera dejado su corazón encima de la mesa para que él lo cogiera. Pero no lo hizo. Simplemente lo miró, como quién mira el vasto horizonte que deja el mar tras la playa, que te hace respirar hondo y pensar que todo está bien.

Allí, tumbada en la hierba y recordando una y otra vez ese pequeño, preciso y fugaz momento, Sandy decidió que era el momento de tomar una decisión importante.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Culpabilidad

Sí, otra entrada, este mes estoy que me salgo.

Me gustaría hablar de un sentimiento desconocido para mí: la culpa. He asumido algo parecido, que es el arrepentimiento, pero no tienes por qué tener la culpa para sentir eso.

Bueno, no es que nunca haya tenido la culpa de nada, eso sería mentir con todas las de la ley, porque la he tenido muchas veces. Lo que quiero decir es sentir la culpa, sentirse culpable de que algo pase o no pase, seas el causante o no.

No sé explicar esto, es nuevo, no lo he digerido todavía, así que ya me perdonareis por no saber muy bien cómo enfocar esta entrada. Quiero arreglar varias malas decisiones que he tomado este medio mes, las cuales aún no sé por qué en ese momento pensé que serían las correctas, lo gracioso es que para mí no ha cambiado nada, pero claro, yo no tengo conocimiento de las percepciones de otras personas. Digo que son malas porque han dado malos resultados, no porque me haya arrepentido de ellas.

En fin, que me siento culpable de arruinarle la poca felicidad que le habíamos creado, pero cuando no comprendes la causa de la bipolaridad, es complicado tomar decisiones acertadas que mejoren y no destruyan algo que se había construido felizmente.

Esto ya lo dije una vez, pero nadie me entendió: no quiero pedir perdón, solo quiero intentar entender para no tener que hacerlo de verdad.

Esto de sentirse culpable no mola nada, da más ansiedad que el arrepentimiento; y es lo que menos falta me hace ahora.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Juliette y Ocho

Uno de los acontecimientos que ha marcado un antes y un después en mi vida en Valladolid ha sido el descubrimiento de que Juliette no es una gata, sino un gato.

Parece una tontería, pero es el ejemplo más simple para decir que hay cosas que cambian tu perspectiva y no puedes hacer nada por evitarlo. Todavía le hago referencias femeninas y se me escapa el nombre de Juliette, pero cada día eso me ocurre menos y me voy haciendo a la idea de que se llama Ocho. Aunque eso no me hará olvidar que un tiempo para mí se llamó Juliette.

Curiosamente, este nombre no fue elegido democráticamente a diferencia del de Juliette, fue impuesto por las circunstancias en las que se tuvo que cambiar obligadamente. Me parece curioso cómo se pueden hacer paralelismos de sucesos físicos a sucesos intangibles. Pero únicamente nombraré los físicos.

El nombre de Ocho fue impuesto "a dictadura" por necesidad, aunque curiosamente fue uno de los propuestos antes de saber el sexo del gato, uno de los que yo rechacé. Me parece interesante este hecho porque describe bien el cambio que se produjo antes del puente de noviembre y después.

Mis convicciones y mis ideas siguen siendo las mismas a pesar del ambiente enrarecido, quizá una mezcla entre decisiones mal tomadas y exceso de información. Y que conste que es complicado mantener estas convicciones e ideas teniendo en cuenta que hay una presión diaria que ejerce su fuerza a favor de la gravedad, peso extra innecesario.

A veces luchamos con una venda puesta, oímos y olemos el problema, pero no sabemos a que nos enfrentamos. Eso es muy peligroso, porque das palos a ciegas sin saber si estás cerca del verdadero problema o no. De los cinco sentidos que tenemos todos, solo me fío de dos: la vista y el olfato; el oído solo me ha causado problemas, el gusto ha sido inútil y el tacto en muchas ocasiones doloroso. Así pues, para luchar contra los males que se me presentan, hago uso de mi vista y mi olfato, pero tenemos un problema bastante grave si hay una venda en mis ojos y solo recibo un montón de información por el oído, dejando solo y desamparado al pobre olfato, que como siempre ha sido uno de los menos valorados, nunca tendrá pruebas concluyentes.

En fin, cuando todo creías que era hembra y se llamaba Juliette, de repente te sorprenden y te dicen que es macho y pasa a llamarse Ocho.

Lo que da de sí un puto gato.