¡Ayyyyyyy,mis patatuelas! ¡Recordad que cualquier día es bueno para empezar de nuevo! Da igual,donde,cuando,cómo o con quién,cualquier día puede ser nuevo,puede cambiar tu vida,puede hacerte más feliz.Por un ínfimo cambio,una pequeña probabilidad,un pequeño milagro...y ¡plaf! eres feliz y nadas en la dicha,tus sueños por fin se han cumplido,tus ganas de volar quedan satisfechas y tus días de melancolía y tristeza están contados.
¡Un golpe de suerte,patatillas mías!¡Una elección acertada!¡De esas que se hacen con el corazón y sin pensar! Con un presentimiento en mano,una fuerza y unas ganas de vivir.Porque realmente crees que ocurrirá,porque sabes que será así si lo deseas fuerte.
Queridas patatillas,a todo eso se llama ilusión.
Disfrutad de vuestra vida =)
jueves, 29 de julio de 2010
miércoles, 28 de julio de 2010
Hoy pido perdón.
Como bien dice el título,me gustaría pedir perdón a las personas que más quiero por no saber cumplir sus expectativas y haberles fallado,lo siento de verdad.
Aún lo siento más por todo lo que he hecho mal a lo largo de mi vida,que desde luego ya no se puede cambiar,pero eso no quita que me sienta mal por las personas a las que les hice daño en su día,se lo merecieran o no.Todo el mundo puede optar al perdón,por muy malo que haya sido si realmente lo desea,y no lo digo en ingún sentido religioso,digo que toda la gente merece una segunda oportunidad.
Y eso es lo que estoy pidiendo,que a los que he hecho daño alguna vez,me perdonen e intentaré ser mejor,más paciente,más responsable,más cariñosa,más generosa...todas esas cosas que echais de menos en mí la gente que me quereis.
Así que,digamos que aquí está mi redención,lo siento y lo que tenga que ser será.Pagaré por todos mis errores,Destino.Uno a uno.Y aguantaré hasta el final.
Aún lo siento más por todo lo que he hecho mal a lo largo de mi vida,que desde luego ya no se puede cambiar,pero eso no quita que me sienta mal por las personas a las que les hice daño en su día,se lo merecieran o no.Todo el mundo puede optar al perdón,por muy malo que haya sido si realmente lo desea,y no lo digo en ingún sentido religioso,digo que toda la gente merece una segunda oportunidad.
Y eso es lo que estoy pidiendo,que a los que he hecho daño alguna vez,me perdonen e intentaré ser mejor,más paciente,más responsable,más cariñosa,más generosa...todas esas cosas que echais de menos en mí la gente que me quereis.
Así que,digamos que aquí está mi redención,lo siento y lo que tenga que ser será.Pagaré por todos mis errores,Destino.Uno a uno.Y aguantaré hasta el final.
Heidi ya es adolescente 4
Capítulo 4: Amor vs. Amistad
Por el camino continuaron su entretenida conversación mientras bajaban por la ladera que llegaba hasta las primeras casas del pueblo. Cuando llegaron, Heidi fue el centro de atención durante el trayecto hasta la carpintería de Pedro. Una vez allí, éste dispuso las herramientas para empezar a trabajar pero, como no había clientes todavía, hizo tiempo hablando y enseñando a Heidi el taller. Pedro le mostraba las figuras de madera que producía él mismo o utensilios que reparaba y Heidi estaba encantada con aquello. En aquel momento entró un hombre en el taller buscando a Pedro y preguntando por una mesa, a lo que Pedro tuvo que desatender a Heidi y prestarle sus servicios al señor.
-Tardaré un buen rato en terminar con este hombre y puede que venga más gente, así que será mejor que vuelvas a casa porque aquí te aburrirás-explicó Pedro mientras cogía una tabla.
-No me aburriré, no te preocupes-pero Pedro puso cara de “eso no es verdad”-De verdad no me dejas quedarme?
-Si te quedas, me distraerás-dijo Pedro cogiendo otra tabla, pero al ver la cara de Heidi añadió-Por qué no te vas a por el pan y vuelves a buscarme? Seguro que ya habré terminado.
A Heidi esa idea le levantó el ánimo y le dijo que volvería enseguida, pero Pedro sabía que se distraería con otras tiendas y que le daría tiempo de sobras. Salió muy contenta del taller, pensando en la mañana que habían pasado juntos…Se le enrojeció el rostro de vergüenza al recordar el momento en que Pedro estaba encima de ella diciéndole cosas tan bonitas…”¿Por qué le habré cortado con aquella estupidez de Copito? Si estábamos a punto de…” A Heidi le dio tanta vergüenza que se concentró en ir a la panadería. La mujer que vendía el pan también se alegró de ver a Heidi de nuevo, y la de la carnicería, y el de la pastelería…Y cuando volvió a pasar frente a la escuela de camino al taller también saludó al maestro y le preguntó por los progresos de Pedro. Se le hizo tan tarde que ya había anochecido y Pedro ya había recogido el taller.
-Siento haber tardado tanto! Espero que hayas estado ocupado…
-Oh, no te preocupes! Sabía que ibas a tardar toda la tarde. Además me ha sobrado tiempo para hacerte esto.-y le mostró una figura que tenía en la mano.
Era un conejito tallado en madera y tan bien pulido que hasta brillaba. Heidi lo cogió y lo observó con detenimiento. Pedro observaba su cara de felicidad al mirar la figurita y eso hizo que se hinchara de orgullo.
-Pedro, es precioso! Gracias…-y le abrazó fuertemente haciendo que éste se enrojeciera.
-Pero si es una figurita de nada!...
Pedro se deshizo de Heidi para volver a notar la sangre fluir por su cerebro y le dijo que la acompañaba a casa. Pero Heidi se negó porque decía que volvería a hacer el camino sin necesidad, ya que para ir a casa de ella había que pasar antes por la de él. Aunque llegaron a la puerta de casa de Pedro enseguida, siguieron hablando hasta que se hizo un poco más tarde, que era cuando Heidi se tenía que ir.
-Bueno…pues nada…yo…me tengo que ir…-balbuceó Heidi mientras intentaba huir pero Pedro la agarró del brazo.
-Quédate…un poco más…-mas Heidi se soltó del brazo y se fue muy rápido alejándose de Pedro.
-Hasta mañana! Sino llegaré muy tarde!-dijo Heidi poniendo una sonrisa a modo de disculpa.
-Hasta mañana.-espetó Pedro quedándose con un palmo de narices.
Vio como Heidi se alejaba, e iba a cerrar la puerta cuando ésta de nuevo le llamó. Fue corriendo hacía él y sin previo aviso le plantó un gran beso en la mejilla mientras le susurraba al oído:
-Buenas noches, Pedro…
Y Heidi se fue definitivamente. Aunque Pedro aún seguía en la puerta sin terminar de creérselo y, todavía embobado, susurró un “Buenas noches…” a pesar de que nadie le oía ya.
Heidi ya es adolescente 3
Capítulo 3: “Tan bonita como una flor”
Heidi caminaba contenta al frente del rebaño, respirando el aire puro de las montañas que tanto añoraba; Pedro iba detrás, por si se escapaba alguna cabra del rebaño. Subieron por una ladera llena de árboles a los lados y con algunas rocas por el camino. Pedro no hacía más que observar a Heidi, que en ese momento iba entonando una bonita melodía y se paseaba entre las cabras acariciándolas continuamente. Heidi dejó de tararear cuando llegaron a la cima y vio con alegría aquel campo repleto de flores silvestres de todos los colores. Corrió hacia el campo gritando eufórica y se tiró entre las flores de colores hasta quedar oculta. Pedro se reía por la actitud de su amiga aunque no le extrañaba en absoluto, puesto que ella había sido siempre así de alegre y vivaracha. Las cabras ya se habían esparcido para pastar, así que aprovecho para buscar a Heidi; ésta, sin previo aviso, se había levantado sigilosamente y se tiró encima de él por detrás hasta caer los dos al suelo, quedando el uno al lado del otro, riendo como en los viejos tiempos. Mas se miraron los dos y descubrieron en los ojos del otro que los dos ya no eran dos niños que jugaban en la hierba peleándose, sino que habían crecido en muchos sentidos. Heidi no se movió ni un milímetro cuando le susurró a Pedro:
-Te he echado de menos…
-Yo a ti también…-entonces Pedro se colocó encima de ella y le apartó un mechón de pelo-he esperado todos estos años a que volvieras…y me alegro de que lo hayas hecho.
El corazón de Heidi no daba a basto para lo que estaba ocurriendo; en un impulso, acarició la mejilla de Pedro y este sonrió al contacto, pero ya no soportaba más la presión y preguntó:
-Cuál de las cabras es Copito de Nieve?-a Pedro le costó reaccionar, pero se apartó de ella para señalarle una cabra.
-Es esa de ahí.
Heidi se fijó en la cabra señalada y observó que ya no era una cabritilla; le habían salido unos enormes cuernos y su pelaje era más denso pero igual de blanco que cuando era niña. Se levantó y abrazó con efusividad a la cabra, pero está no se resistió porque había reconocido a Heidi.
-Oh, Copito de Nieve! Qué grande estás!-Heidi miró a Pedro y a la cabra alternativamente y soltó-Mira, Pedro! Creo que ahora se parece a ti!-y añadió una de sus más encantadoras sonrisas.
-Pero qué dices!-exclamó Pedro totalmente indignado mientras se subía a una roca de un salto-Yo no soy una cabra!
Heidi se acercó divertida donde estaba Pedro y le dijo con un falso tono inocente:
-Pues no lo parece…-Pedro se bajó de otro salto de la roca y cogió una amapola-Eres tan inquieto como una cabra!
-Y tú…tú…-empezó todo indignado de nuevo, pero rectificó cuando se fijó en la amapola y puso su mejor cara-Tú eres tan bonita como una flor.-y le entregó con chulería la flor, a lo que Heidi la cogió y levantó una ceja-Ves? Yo no soy tan malo como tú.
-Vaya, gracias por el cumplido!-dijo con ironía mientras se sentaba en la hierba fingiendo un enfado.
Pedro se sentó también apoyando su espalda en la roca y frotó su mejilla contra el hombro de Heidi como si fuese una cabra.
-Perdóooonameeeeee! Beee! Soy un borreeeeegoooooo!-a lo que Heidi se empezó a reír.
-Tonto!-y le pegó un pequeño empujón, que Pedro exageró y se dejó caer a la hierba.
Heidi no paraba de reírse por la tontería de su amigo y éste se abalanzó sobre ella haciéndole cosquillas para que riera aún más.
-Basta! Jajajaja! Basta! Oh, por favor no puedo más! Jajajaja!-Pedro paró el ataque con la respiración entrecortada sonriendo, aunque a Heidi todavía le duraba la risa pero no tan escandalosamente.
Algunas cabras se volvieron a mirar pero cuando Heidi se calmó, las cabras iniciaron su pasto como si nada. El sol estaba ya muy alto y entre unas cosas y otras les había entrado hambre, así que regresaron de camino a casa de Heidi con las cabras en cabeza.
Todo el camino estuvieron hablando de cosas banales, e incluso en algún rato miraban las nubes buscando alguna forma original. También le preguntó por Clara y le habló del día en que murió su abuela. Cuando llegaron a la casa, Heidi vio a su abuelo sentado en la mesa que estaba fuera debajo de los abetos. Pedro se percató de que poseía comida encima de la mesa y le rugieron las tripas. Las cabras rodearon la casa y los jóvenes se sentaron junto al abuelo. Éste les ofreció la comida que quedaba y luego hablaron durante un rato, hasta que Pedro dijo que tenía que marcharse a trabajar.
-Por qué no le acompañas? Te enseñará el taller, además se nos ha acabado el pan y tienes que bajar al pueblo de todas maneras.-explicó el abuelo mientras recogía la mesa.
-De acuerdo-se despidió de su abuelo y se fue con Pedro.
Heidi ya es adolescente 2
Capítulo 2: Cuánto tiempo!
Un rayo de sol que se filtraba por la ventana redonda iluminó la cara de Heidi. Ésta pestañeó y bostezó mientras se revolvía un poco más con la manta. Pero poco le duró el sueño porque de repente se acordó.
-Pedro!-gritó y al levantarse de golpe perdió el equilibrio y se cayó de la cama-Ay! Qué daño!
Al incorporarse se frotaba la espalda para calmar el dolor, se había pegado un buen golpe que había resonado en el suelo de madera. Sin previo aviso, Heidi notó bajo sus pies como alguien golpeaba la madera desde abajo.
-Heidi! Se puede saber que haces? Vístete pronto! Pedro llegará enseguida! Y te recuerdo que ya eres una señorita como para bajar en camisón!
-Sí! Ya voy, abuelito!-chillaba Heidi mientras se ponía el vestido más sencillo que tenía.
Cuando bajó pudo comprobar que aún no había llegado Pedro y que su abuelo todavía se estaba poniendo las botas. Heidi se ofreció a preparar el desayuno pero el abuelo dijo que ya había desayunado un tazón de leche.
-Tardaré un rato en volver. Prepárate el desayuno, te he guardado queso en el cajón de al lado de la chimenea-cogió el hacha y se arregló la camisa-Bueno, me voy a cortar troncos. Adiós!-abrió la puerta y se fue.
Heidi se calentó un tazón de leche y empezó a prepararse una tostada con queso. Estaba inmersa en sus pensamientos cuando escuchó una voz grave que llamaba desde lejos.
-Viejo!!! Donde demonios estás?? Aquí falta la mitad del reba…- la puerta se abrió de par en par y al ver a Heidi ahogó su alarido-Heidi?
-Pedro??-dijo eufórica al reconocer a su amigo de infancia; aunque había cambiado bastante.
Ahora estaba ante ella un chico de 19 años, de complexión delgada y buen músculo en los brazos, además de sacarle una cabeza a Heidi, pero su pelo castaño seguía revuelto como entonces y sus ojos brillaban con la misma felicidad que cuando antaño jugaba con ella. Heidi pudo comprobar que Pedro también estaba observando como ella también había crecido y un leve rubor cruzó por sus mejillas cuando Pedro examinó todas sus curvas. Pero Heidi recuperó enseguida el ánimo, dejó lo que estaba preparando y fue corriendo a darle un fuerte abrazo a Pedro, a quién le costó reaccionar cuando ya la tenía encima, pero no se amedrentó y la estrechó entre sus brazos. Heidi sentía la calidez del muchacho en contacto con su pecho y su aliento sobre el cabello. No sabría decir cuantos minutos pasaron abrazados, pero a ambos les pareció muy poco tiempo.
-Heidi…-susurró Pedro disfrutando de un abrazo que había esperado durante tanto tiempo.
Sin embargo, Heidi se separo un poco de él y le cogió de las manos.
-Has crecido mucho, Pedro!-exclamó con una sonrisa de oreja a oreja, un poco azorada todavía por aquel tierno abrazo.
-Tú también has crecido-se alejó un poco de ella sin soltarla de la mano para mirarla bien-y además estás muy guapa!
Sonrió todavía más aunque con las mejillas sonrosadas mientras volvía a preparar lo que le quedaba de desayuno. Pedro miraba a Heidi con ternura. Realmente la había echado de menos, sobre todo cuando iban juntos a jugar al prado mientras las cabras pastaban a su alrededor. Se sentó en una silla y siguió observándola, ahora con curiosidad, desde su hermoso pelo negro pasando por sus pechos, su cadera y sus largas piernas blancas…Pedro sintió que le latía un poco más deprisa el corazón y para no prestarle atención le preguntó:
-Donde está el viejo?
-Se ha ido a cortar leña para el fuego-Heidi ya había terminado y se sentaba frente a Pedro-Para que le querías?
-Es que he salido y he visto solo a la mitad del rebaño con Niebla.
-No te preocupes, el resto está detrás de la casa.
Heidi acabó con el queso y tomó el tazón para beber su leche. Mientras lo hacía se extendió un silencio incómodo entre los dos; tanto tiempo y nada que decir resultaba extraño.
-Oye, Heidi-se le ocurrió de repente a Pedro-nos acompañas a mi y a las cabras?
Heidi no se lo esperaba pero no se sorprendió al oír aquello, lo había echo tantas veces…que ahora le resultaba absolutamente normal.
-Pues claro-contestó, terminándose el tazón-eso nunca te lo he negado!
Pedro sonrío para sí, se levantaron ambos de las sillas y al salir vieron que volvía el abuelo con unos maderos al hombro.
-Ey! Viejo! Me llevo a las cabras! Y a Heidi también!-gritó Pedro entusiasmado
-Lo primero se dice buenos días, general!-luego cuando llegó donde estaban se dirigió a Heidi-te vas con él?
-Sí, abuelito, la pradera me sentará bien!
-Pues hala! Iros ya! No os canséis mucho…
-Adiós, abuelito!-gritó Heidi ya desde lejos.
El abuelo entró en casa y mientras descargaba los maderos, vio como se alejaban los dos juntos con las cabras hacia la montaña.
Un rayo de sol que se filtraba por la ventana redonda iluminó la cara de Heidi. Ésta pestañeó y bostezó mientras se revolvía un poco más con la manta. Pero poco le duró el sueño porque de repente se acordó.
-Pedro!-gritó y al levantarse de golpe perdió el equilibrio y se cayó de la cama-Ay! Qué daño!
Al incorporarse se frotaba la espalda para calmar el dolor, se había pegado un buen golpe que había resonado en el suelo de madera. Sin previo aviso, Heidi notó bajo sus pies como alguien golpeaba la madera desde abajo.
-Heidi! Se puede saber que haces? Vístete pronto! Pedro llegará enseguida! Y te recuerdo que ya eres una señorita como para bajar en camisón!
-Sí! Ya voy, abuelito!-chillaba Heidi mientras se ponía el vestido más sencillo que tenía.
Cuando bajó pudo comprobar que aún no había llegado Pedro y que su abuelo todavía se estaba poniendo las botas. Heidi se ofreció a preparar el desayuno pero el abuelo dijo que ya había desayunado un tazón de leche.
-Tardaré un rato en volver. Prepárate el desayuno, te he guardado queso en el cajón de al lado de la chimenea-cogió el hacha y se arregló la camisa-Bueno, me voy a cortar troncos. Adiós!-abrió la puerta y se fue.
Heidi se calentó un tazón de leche y empezó a prepararse una tostada con queso. Estaba inmersa en sus pensamientos cuando escuchó una voz grave que llamaba desde lejos.
-Viejo!!! Donde demonios estás?? Aquí falta la mitad del reba…- la puerta se abrió de par en par y al ver a Heidi ahogó su alarido-Heidi?
-Pedro??-dijo eufórica al reconocer a su amigo de infancia; aunque había cambiado bastante.
Ahora estaba ante ella un chico de 19 años, de complexión delgada y buen músculo en los brazos, además de sacarle una cabeza a Heidi, pero su pelo castaño seguía revuelto como entonces y sus ojos brillaban con la misma felicidad que cuando antaño jugaba con ella. Heidi pudo comprobar que Pedro también estaba observando como ella también había crecido y un leve rubor cruzó por sus mejillas cuando Pedro examinó todas sus curvas. Pero Heidi recuperó enseguida el ánimo, dejó lo que estaba preparando y fue corriendo a darle un fuerte abrazo a Pedro, a quién le costó reaccionar cuando ya la tenía encima, pero no se amedrentó y la estrechó entre sus brazos. Heidi sentía la calidez del muchacho en contacto con su pecho y su aliento sobre el cabello. No sabría decir cuantos minutos pasaron abrazados, pero a ambos les pareció muy poco tiempo.
-Heidi…-susurró Pedro disfrutando de un abrazo que había esperado durante tanto tiempo.
Sin embargo, Heidi se separo un poco de él y le cogió de las manos.
-Has crecido mucho, Pedro!-exclamó con una sonrisa de oreja a oreja, un poco azorada todavía por aquel tierno abrazo.
-Tú también has crecido-se alejó un poco de ella sin soltarla de la mano para mirarla bien-y además estás muy guapa!
Sonrió todavía más aunque con las mejillas sonrosadas mientras volvía a preparar lo que le quedaba de desayuno. Pedro miraba a Heidi con ternura. Realmente la había echado de menos, sobre todo cuando iban juntos a jugar al prado mientras las cabras pastaban a su alrededor. Se sentó en una silla y siguió observándola, ahora con curiosidad, desde su hermoso pelo negro pasando por sus pechos, su cadera y sus largas piernas blancas…Pedro sintió que le latía un poco más deprisa el corazón y para no prestarle atención le preguntó:
-Donde está el viejo?
-Se ha ido a cortar leña para el fuego-Heidi ya había terminado y se sentaba frente a Pedro-Para que le querías?
-Es que he salido y he visto solo a la mitad del rebaño con Niebla.
-No te preocupes, el resto está detrás de la casa.
Heidi acabó con el queso y tomó el tazón para beber su leche. Mientras lo hacía se extendió un silencio incómodo entre los dos; tanto tiempo y nada que decir resultaba extraño.
-Oye, Heidi-se le ocurrió de repente a Pedro-nos acompañas a mi y a las cabras?
Heidi no se lo esperaba pero no se sorprendió al oír aquello, lo había echo tantas veces…que ahora le resultaba absolutamente normal.
-Pues claro-contestó, terminándose el tazón-eso nunca te lo he negado!
Pedro sonrío para sí, se levantaron ambos de las sillas y al salir vieron que volvía el abuelo con unos maderos al hombro.
-Ey! Viejo! Me llevo a las cabras! Y a Heidi también!-gritó Pedro entusiasmado
-Lo primero se dice buenos días, general!-luego cuando llegó donde estaban se dirigió a Heidi-te vas con él?
-Sí, abuelito, la pradera me sentará bien!
-Pues hala! Iros ya! No os canséis mucho…
-Adiós, abuelito!-gritó Heidi ya desde lejos.
El abuelo entró en casa y mientras descargaba los maderos, vio como se alejaban los dos juntos con las cabras hacia la montaña.
Heidi ya es adolescente 1
Capítulo 1: Regreso a las montañas
Por la ventana del tren se veía un paisaje precioso, lleno de árboles florecidos acompañados de un pequeño riachuelo que seguía la vía del ferry. Heidi empezaba a recordar su vida en la montaña con su abuelo. Los abetos tan altos, los campos llenos de flores de tantos colores, los barrancos al final de la colina donde solían pastar las cabras, el pueblo con sus habitantes tan vivarachos, la escuela, el queso tan bueno que preparaba su abuelo...pero sobre todo echaba de menos a Pedro. A Heidi se le dibujo una sonrisa en la cara ante la expectativa de volver a verle. Hacía mucho tiempo que no recibía una de sus cartas, con su letra mal trazada y alguna que otra falta de ortografía pero con toda la ilusión que destilaba el niño al poder escribirle una carta, ya que por fin había aprendido a leer y escribir. Ahora las cartas se las tendría que mandar a Clara.
Su abuelo estuvo de acuerdo en mandar a Heidi a Frankfurt, a un colegio de señoritas con Clara, para que se culturizase y aprendiera modales dignos de una dama. Al principio Heidi se opuso totalmente a su abuelo porque le gustaba la vida de la montaña y se sentía muy feliz allí pero luego comprendió que su abuelo lo hacía por su bien, y a los 12 años Heidi se subió al tren camino de la casa de Clara. 4 años después, Heidi montaba en el mismo tren pero en dirección contraria. Había establecido una profunda amistad con Clara, ya que vivían en la misma casa e iban juntas al colegio, se compraban los vestidos juntas e incluso, en ocasiones, preparaban la comida juntas. Realmente la iba a echar de menos durante los meses que estaría en la montaña.
La chica despertó de sus pensamientos cuando cesó el ruido del tren; ya había llegado. Cogió su maleta y bajó a toda prisa para encontrarse con su abuelo, que la estaba esperando en el andén.
-Abuelo!!-gritó Heidi entusiasmada al ver a su abuelo y acto seguido le abrazó fuertemente tirando la maleta a sus pies.
-Oh, Heidi!-exclamó su abuelo abrazándola también-Con cuidado, con cuidado! Que ahora soy más viejo!
-Lo siento abuelito...-Heidi se disculpó y cogió de nuevo la maleta recuperando el entusiasmo-Venga, abuelito! Vamos a casa!
Por el camino, Heidi le contó con todo detalle como era el colegio al que iba y lo bien que se lo pasaba con Clara, luego le preguntó a su abuelo como iban las cosas por aquí y que había pasado durante su gran ausencia.
-Bueno, Heidi, la verdad es que este pueblo no ha cambiado mucho, aunque todos te echaban de menos...-de repente puso un gesto serio, como si se acordara de algo importante-Verás, Heidi...no sé si lo sabrás pero...la abuela de Pedro falleció hace unos meses...y, en fin, pensé que debía decírtelo yo.
-Abuelo...-Heidi se sentía muy apenada por esta pérdida porque quería mucho a la abuelita y pensó que quizá volvería a leerle las oraciones que tan feliz le hacían-estaba ya muy mayor...pero yo esperaba...-y entonces no pudo más y se echó a llorar.
El abuelo le dijo que estas cosas pasaban y que seguro que a la abuela le hubiese gustado verla tan contenta como siempre. Heidi se calmó un poco ante las palabras de su abuelo y después de un rato de camino en silencio se acordó.
-Oye, abuelito, donde está Pedro?-los ojos de Heidi brillaban ante la mirada del viejo, que con una mal disimulada sonrisa le dijo:
-La verdad es que no tengo ni idea-la muchacha se entristeció un tanto al oír aquello-...aunque igual, con un poco de suerte, le podrás ver ahora cuando vuelva con las cabras y sino, no te preocupes, porque mañana por la mañana volverá a por ellas y podrás saludarle.
A Heidi se le iluminó la cara cuando oyó eso y preguntó que en qué trabajaba Pedro. El abuelo le contestó con orgullo que era su aprendiz de carpintero, pero que el chico se las apañaba muy bien y tenía mucha clientela a pesar de seguir aprendiendo de él. En cuanto a sus progresos con la lectura, le explicó que obviamente ya no iba a la escuela pero que en algún rato libre le pedía al maestro algún libro y papel y lápiz para escribir cartas.
Cuando llegaron, el sol ya se había puesto y Heidi vio con desilusión como las cabras ya estaban allí y Pedro ya se había marchado. Se estaba muy bien en la casa de la montaña y mientras su abuelo preparaba la cena, Heidi subió escaleras arriba y se hizo de nuevo su cama junto a la ventana redonda que dejaba ver el hermoso paisaje. Después de cenar, se puso una ropa cómoda para dormir y subió de nuevo para acostarse. Su último pensamiento antes de quedarse dormida fue su amigo Pedro.
martes, 27 de julio de 2010
Cosas que una descubre en el baño.
Hoy he tenido dos revelaciones: una en el cuarto de baño y la otra con mi prima.
La primera revelación es que la Cocacola ha sido creada por los pitufos,por lo tanto si la Cocacola existe,los pitufos existen.
La segunda revelación es que la mierda en realidad es política.
Mi prima había bajado para ayudarme con un proyecto que teníamos entre manos,y como es menester,le he ofrecido algo de beber.Pues bien,despúes de que me dijera que quería Cocacola,me han entrado unas ganas terribles de mear (no sé por qué,quizá la Cocacola tiene ese efecto).
Y pienso:"La Cocacola dicen que sirve para limpiar el estómago,es más,mi padre me dijo que en la mili limpiaba las hamacas con Cocacola...pero,¿cómo puede ser si la Cocacola está hecha de zarparrilla?No sé cómo es la zarparrilla pero que yo sepa es una fruta del bosque...espera,a los pitufos les gustaba la zarzaparrilla,de hecho hacían zumos de zarzaparrilla...y la fórmula de la Cocacola dicen que es secreta...nadie sabe donde se esconden los pitufos...¿¿Y si los pitufos han inventado la Cocacola??"
Mientras estábamos en plena creatividad literaria,mi prima lee mal lo que había escrito recientemente,que textualmente ponía:"¡No puedo casarla con un campesino!".
Mi prima leyó "No puedo cagarla con un campesino",nos ha hecho la gracia del momento y en un momento de delirio he cantado aquello de "¡Aaaaaleluya!¡Que la mieeeeeeeeeeerda es tuya!" pero mi prima se pensaba que iba a decir "¡Aaaaaleluya!¡Que la mieeeeeeeeeeerda fluya!" y esto nos ha llevado h apensar que la mierda es algo político,porque si dices que fluya,es como más comunista,para todos;mientras que si dices que es tuya,es como propiedad privada,más como capitalismo...
En fin,unas grilladas como otras cualquieras...y más que saldrán.
La primera revelación es que la Cocacola ha sido creada por los pitufos,por lo tanto si la Cocacola existe,los pitufos existen.
La segunda revelación es que la mierda en realidad es política.
Mi prima había bajado para ayudarme con un proyecto que teníamos entre manos,y como es menester,le he ofrecido algo de beber.Pues bien,despúes de que me dijera que quería Cocacola,me han entrado unas ganas terribles de mear (no sé por qué,quizá la Cocacola tiene ese efecto).
Y pienso:"La Cocacola dicen que sirve para limpiar el estómago,es más,mi padre me dijo que en la mili limpiaba las hamacas con Cocacola...pero,¿cómo puede ser si la Cocacola está hecha de zarparrilla?No sé cómo es la zarparrilla pero que yo sepa es una fruta del bosque...espera,a los pitufos les gustaba la zarzaparrilla,de hecho hacían zumos de zarzaparrilla...y la fórmula de la Cocacola dicen que es secreta...nadie sabe donde se esconden los pitufos...¿¿Y si los pitufos han inventado la Cocacola??"
Mientras estábamos en plena creatividad literaria,mi prima lee mal lo que había escrito recientemente,que textualmente ponía:"¡No puedo casarla con un campesino!".
Mi prima leyó "No puedo cagarla con un campesino",nos ha hecho la gracia del momento y en un momento de delirio he cantado aquello de "¡Aaaaaleluya!¡Que la mieeeeeeeeeeerda es tuya!" pero mi prima se pensaba que iba a decir "¡Aaaaaleluya!¡Que la mieeeeeeeeeeerda fluya!" y esto nos ha llevado h apensar que la mierda es algo político,porque si dices que fluya,es como más comunista,para todos;mientras que si dices que es tuya,es como propiedad privada,más como capitalismo...
En fin,unas grilladas como otras cualquieras...y más que saldrán.
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