Recuerdo ese día perfectamente. Habíamos quedado en ir a cenar al Sakura del centro, ese al que íbamos de vez en cuando para nuestras celebraciones.
No tenía pensado,ni siquiera premeditado, que la cena saldría así. Me notabas rara desde hace un mes, nunca se me ha dado bien ocultarte mis emociones,y aún estoy aprendiendo a hacerlo para que no te preocupes tanto. Estuve más callada de lo normal, más apática y tú lo estabas pasando mal,se te veía en esa cara de niño bueno que tienes. A mí se me estaban comiendo los demonios por dentro, no sabía ni como aguantar ni como sacar esto adelante,así que opté por la opción fácil. Durante el postre te dije que tenía que decirte una cosa y a los dos se nos estranguló la voz. Te dejé. No como aquellos altibajos que no sirvieron de nada, de repente supe que esto era algo permanente.
Y me asusté. Sabía que era necesario, pero también sabía que era la opción fácil. En ese momento me di cuenta de que lo había hecho mal. No la decisión, creo que eso fue lo único acertado en esas circunstancias,sino todo lo anterior.
Toda una relación comportándome como una niña caprichosa y consentida, sin ver los esfuerzos que hacías por hacerme feliz, sin ver que tu forma de ser era así y por eso te quiero, sin ver que tú bregabas con mis defectos y yo tenía que aguantar los tuyos, sin ver que estabas haciendo esfuerzos que no tenías que haber hecho pero que hiciste solo para que estuviera contenta. Siento que no he hecho más que maltrarte a pesar de todo lo bueno que me has dado, que estaba pagando lo del anterior contigo cuando eras tú quién me estaba limpiando, me siento como si nunca hubiera intentado hacerte feliz, como si nunca me hubiera preocupado por ti, como si nunca me hubiera molestado en averiguar qué te pasa, qué te gusta, qué te inquieta,y respetar tus normas igual que tú respetabas las mías.
Tú me dabas más de lo que recibías,y aún así afirmabas como quién afirma una fórmula matemática inamovible,que eras feliz a mi lado, que me querías y que el resto no importaba.
Te pido perdón (y sé que no es suficiente) por no creerte cuando me decías cosas bonitas, cuando me decías que me querías o cuando hacías cosas por mí sin dar nada a cambio. Lo siento, lo siento en mi alma,en mi corazón y en mi día a día por no haber creído en nosotros y en nuestra relación.
Te imploro perdón porque ya he pagado mi condena. Solo me queda tu sentencia y mi único argumento en mi defensa es que te quiero.
Hay veces que en las condenas te pueden dar la condicional, pero, ¡cuidado! ahora ya no te puedes equivocar ni un apice o la condena aumentara.
ResponderEliminar