Cap. 1
- Cariño,
no tenemos por qué llevarla.
- Es
necesario y lo sabes, ¿cómo sino se iba a enfrentar al mundo cuando saliera
fuera?
- ¿Y tiene
que ser ahora? No creo que haya mucha diferencia entre sacarla ahora y que
retome los estudios, a dejar que los termine y entonces haga lo que le plazca.
- Tu hija
quiere ver mundo, compréndela…
- ¡No me
vegas con eso, cariño! ¡Por algo la metimos al convento!
Y esa era la razón por la que Ifigenia se apartaba a un
lado, lejos de la conversación, a leer uno de los muchos libros de la
biblioteca del convento en la mesa de madera del jardín más cercana. ¿Cuándo
podría hablar por ella misma? Dieciséis años confinada en una celda era un
lugar seguro y lleno de intelectualismo, pero la curiosidad de ver lo que había
tras la tapia del convento superaba su vida tranquila y armoniosa. Si los
libros de aventuras no engañaban, a su edad ya habría vivido una emocionante
aventura con sus mejores amigos que habría afrontado con gran valentía y tesón
augurando un final feliz por el esfuerzo de la misma. Una pena que no
existieran ni los amigos. Sólo teólogas viejas y niñas con proyecto de serlo
por su miedo al mundo exterior.
Así pues, Ifigenia cerró de un golpe seco el libro y se
acercó a sus padres con gesto serio y determinante.
- No quiero
seguir aquí encerrada. Está muy bien poder leer, cultivar y llevar una vida
tranquila, pero no ansío pasarme el resto de mi vida rezando a Nuestro
Confidente, sino ser de utilidad al mundo. Así que, os pido por favor que me saquéis
de aquí o mi paz interior se resentirá gravemente.
Sus padres la miraron con sorpresa, su padre en concreto con
la boca tan abierta del asombro que pensó que le cabía un puño en ella, y
balbucearon algo sin sentido.
- Pero
ratoncita… ¿y esa actitud…?
- Abre los
ojos, papá, tengo veintiún años y quiero ver el mundo. Los libros del convento
no tienen dibujos.
Tras una mirada cómplice entre padre y madre, miraron ambos
a Ifigenia y decretaron, como quién hace una ley, lo siguiente.
- De
acuerdo, ratoncita. Accedemos a tus deseos de querer aprender de modo práctico,
pero nos gustaría saber con qué fin o qué deseas ver concretamente.
- Quiero
conocer el resto de Estudios del mundo.
- ¿Te
refieres a…?
- Sí.
- Pero
ratoncita, eso no cuadra con lo que tú…
- Siempre habéis
dicho que lo más importante es un amplio conocimiento, pues bien, quiero
aprender del resto de los Estudios.
Tras un breve silencio y una mirada de auxilio de su padre a
su madre, decidieron que lo mejor sería hacer caso de los deseos de su hija ya
que no contenían ninguna mala intención.
- Eso sí,
Ifigenia, llevarás acompañante.
Y así fue como Ifigenia Keenlés emprendió la aventura de su
vida: matricularse en otra Escuela. O varias.
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Lady Shadows te acecha...así que postea con precaución o puede que te pase un accidente no deseado...
Gracias!